El efecto Matilda: cuando los logros de las mujeres se borran de la historia
El t茅rmino toma su nombre de Matilda
Joslyn Gage, pensadora y activista del siglo XIX que ya denunci贸 c贸mo los
logros de las mujeres eran sistem谩ticamente ocultados en los relatos oficiales.
M谩s tarde, la historiadora de la ciencia Margaret W. Rossiter utiliz贸
este concepto para describir lo que se observa una y otra vez en la historia de
la ciencia: mujeres que investigan, descubren, crean… y cuyos m茅ritos acaban
firmados por otros o relegados a una nota al pie.
Los ejemplos son numerosos. Rosalind
Franklin fue clave para comprender la estructura del ADN, pero su
aportaci贸n qued贸 durante a帽os en segundo plano frente a la de sus colegas
varones. Jocelyn Bell Burnell descubri贸 el primer p煤lsar siendo
estudiante de doctorado, pero el Premio Nobel se concedi贸 a su director de
tesis. Lise Meitner contribuy贸 de forma decisiva a la explicaci贸n de la
fisi贸n nuclear, y sin embargo el reconocimiento oficial recay贸 en su
colaborador. Estos casos no son excepciones: muestran un mismo mecanismo de
invisibilizaci贸n y apropiaci贸n del trabajo de las mujeres.
Pero el efecto Matilda no se
limita a la ciencia. Tambi茅n aparece en el arte, la literatura o el mundo
empresarial. Durante d茅cadas, muchas artistas vieron c贸mo sus obras eran
atribuidas a sus maridos o compa帽eros; escritoras publicaron bajo seud贸nimos masculinos
para poder ser tomadas en serio; y en el 谩mbito de la empresa no son pocas las
mujeres cuyas ideas o proyectos han sido presentados por otros como propios. El
patr贸n es similar: el talento existe, el trabajo se hace, pero el
reconocimiento se desplaza.
Mar铆a Lej谩rraga escribi贸
durante a帽os obras de teatro y libretos que se publicaron bajo el nombre de su
marido, Gregorio Mart铆nez Sierra, quedando ella en la sombra pese a ser la
verdadera autora. Camille Claudel fue una escultora de enorme talento,
pero su obra fue durante mucho tiempo le铆da y valorada a trav茅s de la figura de
Rodin, que eclips贸 su reconocimiento pro
pio. Fanny Mendelssohn compuso
numerosas piezas musicales que en su 茅poca se publicaron con el nombre de su
hermano, porque a ella no se le permit铆a desarrollar una carrera p煤blica como
compositora.
Esto nos lleva a una pregunta
importante: ¿estamos ante hechos aislados o ante una forma concreta de
construir la historia y repartir el prestigio? Todo apunta a lo segundo. El
efecto Matilda no es fruto del azar ni de “olvidos” inocentes, sino de relaciones
de poder que durante mucho tiempo han situado a los hombres en el centro del
relato y a las mujeres en los m谩rgenes, incluso cuando eran protagonistas.
Por eso, antes de hablar de
visibilizar, conviene decir algo claro: no es que las mujeres no estuvieran, es
que fueron borradas. O directamente, en muchos casos, sus aportaciones fueron
apropiadas por hombres que s铆 ten铆an acceso al reconocimiento, a los premios y
a los espacios de decisi贸n.
Visibilizar el efecto Matilda no
es “revisar la historia por capricho”, sino hacerla m谩s justa y m谩s completa.
Significa reconocer que el conocimiento, la cultura y el progreso se construyen
de manera colectiva, y que muchas contribuciones quedaron en la sombra por
razones que nada ten铆an que ver con su valor real.
Desde el Centro de la Mujer
estamos trabajando en esta l铆nea y hemos empezado a publicar un v铆deo al mes en
nuestras redes para reivindicar a mujeres que sufrieron este efecto y recuperar
sus historias. Os animamos a ver “El observatorio de Matilda”, a
compartirlo y tambi茅n a escribirnos si conoc茅is a alguna mujer cuya aportaci贸n
haya sido invisibilizada o apropiada. Nombrarlas es una forma de justicia, y
tambi茅n una manera de construir referentes m谩s diversos y m谩s reales para el
presente y el futuro.

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